Buscaste “cuánto cuesta una tarjeta de visita digital” y encontraste de todo: gratis, 4,99 €/mes, 70 € por tarjeta, “contáctanos”. Esta guía explica qué estás comprando realmente en cada modelo — incluidos los costes que no aparecen en la tabla de precios.

Los tres modelos de precio de la categoría

1. El “gratis”. Las apps gratuitas de tarjeta digital existen, y se pagan de otra forma: tus contactos se convierten en inventario, tu página lleva su marca, y los datos de quien te toca alimentan el producto que ellos venden a terceros. Si no pagas por el producto, el producto es tu networking. Para uso personal casual puede valer; para una empresa es un riesgo de marca y de RGPD.

2. La tarjeta suelta (30–70 €, pago único). Compras el plástico, lo apuntas a un perfil. Le sirve al freelance — pero fíjate en lo que no incluye: gestión central, revocación cuando alguien se va, estadísticas, control de marca. Diez tarjetas sueltas no son un programa de equipo; son diez problemas individuales.

3. La suscripción por tarjeta gestionada. El modelo de las plataformas serias (la nuestra incluida): pagas el ciclo de vida — emitir, actualizar, revocar, redirigir — no el trozo de plástico. Es el único modelo en el que la tarjeta de quien dejó la empresa deja de hablar en su nombre en un clic.

Los costes ocultos que nadie imprime en la tabla

  • Reimpresiones. En papel, cada cambio de cargo o teléfono cuesta una tirada. En una tarjeta que es un enlace, cuesta cero — la página se actualiza y el plástico sigue estando bien.
  • Lock-in. ¿Puedes exportar tus contactos e irte? Si la respuesta es “más o menos”, el precio real es más alto de lo que parece.
  • Riesgo de datos. Una plataforma que guarda IPs y perfila a quien toca es un pasivo esperando la due diligence de un cliente. Lo barato puede salir carísimo en la primera auditoría — explicamos por qué en la guía de RGPD para tarjetas digitales.
  • El tiempo de tu equipo. Sin gestión central, cada onboarding y offboarding es trabajo manual disfrazado.

Cómo comparar propuestas en tres preguntas

1. ¿Qué pasa con la tarjeta cuando la persona se va? 2. ¿Quién es dueño de los datos — y de los datos de quien toca? 3. ¿El precio cubre el ciclo de vida o solo el plástico?

Cualquier proveedor serio responde a las tres sin rodeos. Nuestras respuestas viven en privacidad y para equipos — y los números concretos para el tamaño de tu equipo están a un email de distancia. Sin embudo, sin llamada comercial no pedida.